martes 20 de octubre de 2009

La crisis como vísperas de cambio

La crisis ha ocupado ya el centro del panorama político y social de la vida cotidiana de la clase trabajadora, de las personas migrantes, de las mujeres, de la juventud, y parece que para un buen rato.

La crisis es general: es económica, es política y es social. Es una crisis del modelo del capitalismo neoliberal en su conjunto, y por ello es urgente dar una respuesta en todos los ámbitos.

La contestación social al gobierno de ZP ya ha empezado, y como en otras ocasiones ha sido el movimiento estudiantil el que ha roto el hielo. Las movilizaciones contra el proceso de Bolonia son un primer impulso. Ésta se puede desplegar con una intensidad y extensión mayor, en el contexto de crisis y desde el carácter estratégico y de largo alcance del proceso de Bolonia, si se vinculan con los problemas más acuciantes del momento: la privatización de los servicios públicos, el paro y la precariedad.

A su vez, otras acciones deben orientarse a quienes están sufriendo con más dureza la crisis: los parados y las paradas. La cifra de los tres millones es tan sangrante como irreal, siendo muchos y muchas más los trabajadores y trabajadoras, jóvenes, mujeres, personas migrantes, que se encuentran en el paro sin que aparezcan en las estadísticas. Esos más de tres millones de personas se encuentran en una situación doblemente vulnerable: su cobertura social es escasa y carecen de instrumentos de lucha. Es necesario dar una respuesta política, organizativa y programática, recuperando la apuesta por la jornada laboral de 35 horas y el reparto del trabajo, por el sindicalismo combativo y de clase y poniendo de relieve la necesidad de organizarse políticamente para la lucha por los derechos sociales.

El desarrollo y convergencia de las luchas se pone en el orden del día como una necesidad apremiante. Ahora más que nunca, ante el umbral de lo más duro de la crisis, es el momento de desplegar una acción unitaria, sostenida y tenaz en todos los frentes. Un proceso de unión de frentes cuya culminación natural es la huelga general.

Las reivindicaciones inmediatas de la clase trabajadora y los sectores populares son el cemento más sólido que hay para forjar esa convergencia. A su vez, la convergencia de las luchas debe dotarse de una perspectiva alternativa, que plantee un modelo político y económico que confronte con el neoliberalismo. Una alternativa no tanto de gobierno como de poder.

El ciclo de reproducción ampliada del capital puede reiniciarse. La oligarquía ya ha puesto en marcha los mecanismos para intentar salir de la crisis según sus intereses. La rueda de la historia puede volver a girar a favor de los especuladores, los banqueros, los empresarios y todos los que se han enriquecido en estos últimos catorce años gracias a que los salarios bajaban, los servicios públicos se privatizaban y nuestra calidad de vida empeoraba. Pero en nuestras manos está cambiar eso. Este es el sentido que Marx, el Marx que nos regalan como suplemento de prensa los fines de semana, siempre dio a las crisis. La lógica del capital y la voluntad de los capitalistas son poderosos instrumentos para perpetuar la explotación, pero no son nada ante la voluntad de millones dispuestos a cambiar las cosas, a romper con la lógica del beneficio individual a costa de la explotación del trabajo ajeno.

Una salida alternativa y popular a la crisis debe centrarse en satisfacer las necesidades más inmediatas de la clase trabajadora y los sectores populares, que son la amplia mayoría de la sociedad, y no en asegurar los beneficios de la minoría de banqueros, empresarios y especuladores.

Durante las crisis el capitalismo muestra su realidad descarnada. Las contradicciones, las locuras, la irracionalidad del sistema siempre oculta en los tiempos de bonanza, de estabilidad, se revelan ahora en toda su absurda injusticia. Por eso son momentos privilegiados para el esclarecimiento, para la toma de conciencia.

La toma de conciencia ante la crisis es el primer paso de una lucha larga, dura y difícil, pero que merece la pena porque es necesaria. Es el primer paso del cambio.

Fuente:www.agitacion.org

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